El mundo, a veces, ha vivido equivocado
Es evidente que
las elecciones del hombre a través de la historia han condicionado sus
relaciones con la naturaleza, entre los mismos hombres y estos han visto enfrentar
a sus pensamientos y decisiones con la realidad, con su praxis. Eric Toussaint
repasa la historia del infierno que puede significar el neoliberalismo, creemos
que esto es posible porque no comprendemos, no solo los procesos que nos han
conducido a no querer enfrentarnos con la realidad, reiterarlos en forma casi
cíclica, sino que no alcanzamos a descifrar que la única manera de subsistir
como especie radica en la solidaridad y no en la competitividad.
El autor utiliza
el término contrarrevolución, no solo para afirmar la revolución teórica que
significó el keynesianismo, sino para correr el velo tras lo reaccionario del
neoliberalismo y utiliza el caso del desempleo como ejemplo entre lo que para
algunos puede ser desempleo lisa y llanamente como evidencia sintomática de una
situación económica recesiva o regresiva y para otros, teóricos neoliberales,
se debe a decisiones que toman las personas con respecto al ocio y el trabajo.
Aquí es donde quisiéramos hacer un alto y describir lo que a nuestro modo, y lo
discutimos mucho a diario, tiene que ver con donde se ponen la miradas al
momento de evaluar o valorar las decisiones de las personas. Es evidente que si
decidimos en forma individual nuestro neocortex tiene límites menos amplios que
las decisiones que puedan tomar grupos especialmente armados para decidir en
empresas. Que queremos decir con esto, que es al menos fantasioso pensar que si
una persona lo único que puede ofrecer para su subsistencia material (luego de
haber perdido sus propios medios de producción), es su fuerza de trabajo,
difícilmente decida mantenerse ocioso frente a la falta de alimento, abrigo, etc.
Entendemos que
estas organizaciones mundiales no son más que refugios intelectuales de gente
financiada desde grandes grupos de poder, que disfrazan con deformaciones teóricas
las realidades de una humanidad que no ha logrado aún decidirse por resistir la
explotación de unos pocos por sobre el conjunto. Asistimos muchas veces como
testigos a situaciones altamente ridículas o por lo menos que amenazan con la
capacidad de los hombres para poder comprender el juego al que somos sometidos.
Por ejemplo, luego de los primeros años de políticas públicas denominadas
keynesianas, surgen en respuestas otras que contrapesan los efectos de
aquellas, rápidamente fluyen por casi todo el mundo occidental, se refuerzan
con editoriales, universidades, intelectuales (mercenarios pagos), teorías tan
inverosímiles como que el hombre que tiene un empleo en blanco es responsable
de la falta de mejor empleo para un parado o desempleado. Como funciona este
sistema, como casi todos en los que lo
único importante es obedecer, ni siquiera hay lugar a la crítica o disidencia,
del seno de estas organizaciones sólo salen nuevas formas de explicación para
cada momento necesario, como una usina de pensadores que tras el mínimo desvío
de la realidad artificial planteada por las innumerables barbaridades teóricas,
se reformulan sin solución de continuidad.
Este derrotero
teórico, apoyado por todos los medios coercitivos posibles, es ejercido desde
al menos después de la segunda guerra mundial, al mando de EEUU como gendarme
de los poderosos del mundo, políticas económicas expoliadoras que se diseñan a
medida de cada país, puestas en práctica en situaciones muchas veces autoinfringidas
(Argentina 2001 / 2015 – 2019), con la finalidad de probar resultados posibles,
que sostienen este círculo vicioso reproducido por las corporaciones a través
de la legitimidad de premios nobeles, recompensados muchos pseudos
intelectuales económicos con burbujas de capacitaciones en universidades del
primer mundo.
La
multiplicación exponencial de todas estas aberraciones de los que denominamos
pensadores neoclásicos se paga
directamente con costo social, todas estas decisiones impactan de lleno en los
países periféricos, sus dirigentes optan por
entregar sus soberanías económicas y políticas a un conjunto de
funcionarios (FMI) que solo aplicas fórmulas incomprensibles e incompatibles
con las realidades sociales de países tan disímiles como los hay en el planeta
entero. Nos quieren hacer creer que la economía y sus decisiones traducidas en
políticas públicas, son una teoría del comportamiento humano, dicen la
gramática universal de las ciencias sociales. Puesto que esto es falaz, aunque
difícil de comprobar de un primer vistazo, se cree reduccionista de la
humanidad a un solo tipo de pensamiento homogéneo y mercadeable.
Estas teorías
tienen aceptación un muchos países porque dan un marco explicativo con respecto
a las carencias que estos tienen para organizar eficazmente la asignación de
sus recursos, un plan económico que asegure
un mercado libre (esperamos que Galperin no nos cobre derecho de autor),
sin restricciones, trabas, regulaciones en cuanto a flujos de activos sobre
todo financieros, que lo que buscan no es solucionar los problemas reales de
los ciudadanos, sino hacer parecer a la mano del mercado invisible, pero
entrenando la miope mirada de los locales, frente al saqueo externo. No
contentos con esto, quizá en un momento de sordidez emocional, han pensado
estos teóricos del caos, que no era bueno que fueran vistos o recordados de
esta forma, con lo cual presentan en un gran truco (acting del no se inunda
más), el de hacer creer al oprimido que en realidad es opresor. Para ello
atacan a los colectivos sociales que representan a los trabajadores (sindicatos
y movimientos sociales), haciendo recaer sobre sus espaldas las decisiones de
los grandes inversionistas del mundo que preveían una lluvia de inversiones
pero que no se animan a llevarla a cabo porque un grupo de trabajadores
registrados con sindicatos fuertes le impiden darle trabajo a más ciudadanos.
En palabras de George Gilber… “La seguridad social erosiona actualmente el
trabajo y la familia, mantiene así a los pobres en la pobreza”.
Por último quien
quiera entender que es un saqueo el perpetrado a manos de teóricos que nada
saben de las realidades de los países en los cuales aplican sus fórmulas, que
las puertas a estos son abiertas por los poderes locales que son cómplices de
este saqueo, y que para revertir esta situación el ciudadano debe comprender el
poder que tiene al alcance de su mano, solo con participar, desde cualquier
lugar y en cualquier situación de la arena de disputa, que se presenta en todos
lados, todo el tiempo, cada vez que decidimos. Si comprendemos que decidir
pensando en el otro, siendo solidario y no competitivo, habremos hecho mucho
más que miles de páginas de teorías económicas neoliberales, y por sobre todo
prepararíamos el terreno para una nueva revolución, esta vez que cambie para
siempre la forma de vida del hombre sobre la tierra, quien debe venir a
disfrutar, cuidar y compartir y no a sufrir la explotación de sus pares.
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