O´Donnell, que no es Pacho…
La clase funcionó como un
disparador, como diría Ceratti... “ella usó mi cabeza como un revolver”… lo
bueno del aprendizaje es que cuando uno se anima a querer conocer más cae en la
cuenta en que no debe dar por cerrado ningún camino. Algunos puntos de análisis
del autor nos ponen de frente con una realidad que muy pocos podemos si quiera
reconocer, mucho menos digerirla y llevar a la praxis. Comúnmente creemos que
el Estado es una estructura burocrática en donde ciertos funcionarios toman
decisiones teniendo en cuenta el bien común.
Entonces comencemos a
desmenuzar algo de lo conocido, según este análisis común del Estado, estos se
constituyen como estados nacionales relacionados con el capitalismo, por lo tanto no hay
Mercado sin Estado, lugar en donde los ciudadanos libres eligen ente opciones
existentes. Dentro de este Estado clásico, por decirlo de alguna manera, las
relaciones de poder son asimétricas, desiguales y graduales, o sea esta
obediencia de la comunidad para un mandato determinado, fue el punta pie
inicial para la conformación (gradual) de instituciones para ejercer el poder.
Sin este contrato social, el desarrollo de grandes comunidades sería un caos,
entonces es el Estado quien garantiza que supeditado el interés individual al
social pueda llegarse al bien común.
O´Donnell nos dice que este
nexo entre los individuos y el Estado no es neutral, que el Estado crea
instrumento desde sus instituciones para seguir en el control dominante de esa
relación, por lo tanto desde la visión política liberal la búsqueda del bien
común es una ficción, una excusa que viene a solapar muchas de las políticas
públicas liberales. El autor nos dice que el Estado no es neutral, es garante
desde el comienzo de la relación entre el capital y el trabajo. Entonces sitúa
al denominado bien común como una arena de disputa, el lugar en donde los
distintos sectores que componen a la sociedad (no individuos), tiene algún tipo
de vínculo con el Estado y podrían eventualmente imponerse por sobre él. Estos
sectores como la iglesia, sindicatos, empresarios, medios de comunicación y
hasta la propia burocracia estatal pujan por legitimar sus demandas parciales
para que las mismas se crean parte del bien común.
Según nuestro entender, este
complejo mecanismo en donde determinadas cuestiones que son parciales ingresan
en la arena de disputa, se instalan desde diferentes lugares para transformarse en cuestiones de Estado,
para ello los distintos actores sectoriales destinan tanto recursos materiales
como simbólicos para que así sea y pueden así contraponer con otros sectores
antagónicos, siempre dentro de la misma arena, entendida como lugar de lucha.
De este modo transformado en una cuestión estatal, pasa a ser parte de la
agenda del Estado, pero también hay otras cuestiones por atender, desde antaño
o consideradas de mayor envergadura. Estos temas sólo podrán resolverse
mediante asignación de nuevos recursos, estos limitados por la recaudación
fiscal. Entonces hay dos caminos de resolución de esta disputa en la puja, el
caso se va de la agenda o se convierte en política pública.
¿Entendido
de este modo, como es posible cambiar la realidad? Bueno por su puesto con
participación ciudadana, no alcanza con el voto democrático, si no con la
participación como parte de colectivos que puedan ingresar a la arena de
disputa, no solo para reclamar por políticas públicas que tiendan a satisfacer
las necesidades sectoriales reclamadas, si no también, y por supuesto que debe
ser un acto consciente, restar posibilidades a los sectores que disputan desde
lugares privilegiados desde la constitución misma del Estado. No se trata solo
de tener un gobierno del Estado a fin a la necesidad de un sector, sino que se
trata de disputar poder para luego ejercerlo en forma democrática y devolverlo
en políticas públicas equitativas, inclusivas y participativas.
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