Des-ocultar el poder


Decisiones políticas en educación

El texto de Almandoz nos invitó a reflexionar muchas cosas que intentaremos volcar aquí, por ejemplo que rol deben ocupar las decisiones políticas en el ámbito educativo, que ética debe adoptar un gobierno mediante sus funcionarios y volcarlas a la práctica política. Muchas veces se contrapone la ética con otros valores, si entendemos la ética como valor, es fácilmente contrastante, pero si la entendemos como una forma divergente que permite tomar decisiones y encontrar en ellas también contradicciones, prontamente podremos sacarnos el sayo moral que muchos intentan poner a la definición de la palabra. Por supuesto que ninguna decisión tomada en post de resultados eficientes puede tampoco ser desprovista de ética, aún con  valoración moral incluida. Para muestra sobre un botón se diría, cuantas decisiones personales a diario nos dejan los sinsabores de malas elecciones, tomadas en forma eficiente o en forma justa y liberadora, sería entonces la cuestión a resolver en nuestro fuero íntimo, y luego trasladarlo a las prácticas sociales.
Es difícil pensar a la política como justicia y libertad en un contexto de fragmentación social y multiplicación de intereses  particulares, en medio de la disolución de identidades colectivas, pero precisamente esto es lo que ayuda a valorar y conservar los espacios de encuentro social y sobre todo preguntarnos si estas realidades que se nos dicen desde algunos conatos de intelectualidad, reflejan nuestra realidad. Claro que no debemos ocular el disenso, los conflictos, la violencia misma, si las enmascaramos nos quedamos sin posibilidad política real de justicia  y libertad. Entonces debe el sujeto, entendemos como búsqueda incesante y tensión permanente, sujetar en su intelecto el disciplinamiento moral de la ética, pero las manos libres y el corazón abierto para decidir políticamente en forma justa.
En este entorno las políticas educativas como parte de un grupo de políticas públicas, no menos valiosas que la de orden social o económico, sufren la constante dicotomía instalada entre justicia (social) o eficiencia (mercado). ¿Pero es realmente una dicotomía? O es sólo una ficción más como las urdidas manos del mercado. Medios, fines, procedimientos técnicos eficientes, utilidad, todos términos recurrentes en documentos nacionales o de organismos internacionales hacen ingresar palabras de la órbita empresarial o del mundo productivo a la lógica de las políticas educativas, que obstaculizan la comprensión o entendimiento, finalidad máxima en términos educativos, la argumentación sobre el conocimiento y no la eficacia medida en resultados.
Para que la política no pierda su esencia de instrumento social de cambio y transformación es indispensable des-ocultar la realidad el poder, la concentración real de la propiedad y el poder inhiben el consenso, sobre todo cuando la mentada crisis educativa es machacada como una crisis de eficiencia y de productividad, si se reduce a sólo eso, allí en ese campo, la política se convierte en una  argumentación posible, vacía de contenido de justicia y libertad. No es permisible que percibamos a la realidad educativa como materia de no discusión cuando se a reduce a recursos y resultados, esa lógica propia del sistema económico busca solo la prestación de un servicio, que obviamente en Estado desarrollará en forma menos eficiente ante la creciente escasez de recursos, teniendo que afrontar en la arena de pujas, muchos intereses al mismo tiempo.
Se nos presenta una realidad tan rica de análisis, sobre todo en el presente, cuáles son las expectativas puestas en la educación por parte de la sociedad y cuáles son las políticas públicas que tiendan a equilibrar las desigualdades propias de nuestras realidades, pensar allí en justicia y sus implicancias políticas es imperativo. Aquí es donde la política entra en una instancia ética, cuando debe tratar la distribución de un bien social específico, y no sólo alcanzar determinador fines como en otras implicancias de las políticas públicas.  En palabras de Lechner la política tiene que ser capaz de construir una nueva racionalidad de lo público, lejos de las demandas del mercado y sus lógicas productivas e impida los excesos.
El momento ético de las decisiones políticas que aquí vislumbramos, es un momento en donde el sujeto en relación tensional, bucea entre el sentido y la intención, acción y reflexión. Principios y fines propuestos aquí comienzan a revelarse y por supuesto a plasmarse en las consecuencias de las acciones. En el ámbito institucional vemos cada vez más tecnicismo y profesionalismo, cada vez más racionalidad instrumental, aquí pierden las políticas públicas incidencias en los proyectos colectivos, la puerta de ingreso a la estructuración de desigualdades, los análisis simplistas y reduccionistas sustentan visiones lineales, y al fin aparecen decisiones políticas públicas desprovistas de ética. Así empiezan a producirse círculos académicos que reproducen estas visiones que retroalimentan aquellas decisiones y sustentan programas de gobiernos. En palabras de Weber la ética solo sirve de guía, una ética de conciencia y otra de responsabilidad (por el otro), las dos radicalmente distintas.
Las decisiones de políticas públicas no deben caer tampoco en la lógica de los medios masivos de comunicación que se ponen en árbitros o fiscales (siempre se muestran así, nunca como parte en disputa), si de adaptan al lenguaje mediático tienen carácter efímero e inmediato, simple como un corto mensaje efectivista, la reducción del mensaje político explícito. Hay que fortalecer entonces el debate público de principios e ideas, sólo así como lo dice el título conseguiremos des-ocultar el poder.


Pd: Millones de dólares diarios echados a la piraña financiera me parece al menos bastante menos eficiente que lograr aplicar el 6.4 % de PIB en educación, desde allí podríamos comenzar la discusión entre eficiencia, eficacia y políticas públicas reales.

Pd1: El final del texto refiere a un mundo posible más justo, a nosotros nos refiere a la construcción de un hombre nuevo en construcción de un mundo mejor, en palabras de Ernesto Guevara.

Pd2 Cita: En verdad, lo que pretenden los opresores “es transformar la mentalidad de los oprimidos y no la situación que los oprime. Simone de Beauvoir, El pensamiento político de la derecha, Buenos Aires, Siglo XX, 1963, pág. 64.




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