¿De qué servía repartir computadoras si las escuelas no tenían conectividad a internet?


La semana pasada el presidente Mauricio Macri dijo “si no estamos conectados no hay futuro, no hay conocimiento ¿De qué servía repartir computadoras  si las escuelas no tenían conectividad a Internet? es como repartir asado y no tener parrilla, no tener para prender el fuego, era lo mismo”. Esa declaración me trajo el recuerdo de cuando me entregaron la notebook, era el año 2010 y cursaba primer año en el mismo colegio donde hoy me formo para ser docente. Tengo intacto el recuerdo de ver a cada uno de mis compañeros/as entusiasmados prendiendo las notebooks, leyendo las instrucciones, cambiándole el fondo de pantalla, utilizando la cámara. Durante ese año también  realizamos varias actividades con ellas, como cuando el profesor  de historia nos hizo llevar vídeos sobre la revolución industrial, para escribir luego una síntesis en Word, o cuando analizamos en la clase de geografía  las coordenadas geográficas   con el programa Google Earth  instalado en  la notebook. Ser parte de ese acontecimiento no solo me sirve para contrarrestar lo dicho por el presidente, sino más bien para analizar aun con mayor profundidad lo que quiso dar a entender, porque sus dichos no fueron solo una  crítica a la política educativa del gobierno anterior, sino que la problemática también incide a quienes eran entregadas las notebooks.
Desde este punto partimos para analizarlo con el texto “pobres, marginales y excluidos en la teoría social” de Patricia Redondo donde pudimos observar que el presidente tiene una posición determinista de la pobreza, ya que plantea para qué es necesario entregar computadoras a  alumno/as que no cuentan con Internet , lo cual los vuelve incapaces de utilizarlas, debido a que nadie que se haya criado sin los recursos fundamentales para subsistir, tiene la posibilidad de acceder a una herramienta fundamental de acceso al conocimiento y mucho menos comprender su uso, por lo tanto el pobre no tiene otra posibilidad que darse por vencido y aceptar su situación. Esta concepción no solo tiene la intención de desestimar al otro, sino que también no se los considera como sujetos políticos con derechos, encasillándolos como los necesitados, vagos, peligrosos, etc.
Para finalizar, debemos destacar que dichas declaraciones están  íntimamente relacionadas con la pobreza absoluta que explica la autora, donde se parte de la premisa de que la pobreza de una persona es consecuencia del nivel de ingreso que recibe, es decir, que se individualiza la pobreza ocultando la verdadera dimensión social de la misma. Por consiguiente, repartir asado sin tener parrilla quiere decir, que aquellos que se encuentran por debajo de la línea de pobreza no deben ser beneficiados con determinados bienes  debido a que su condición, puesto que la misma es producto de su propio accionar, es por eso que estos beneficios solo deben ser reservados para aquellos que verdaderamente se los merecen. 




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