Eso que llaman amor, es trabajo no pago
El lunes me entere por la radio el gobierno de Mauricio Macri pretendía
ponerle fin a la ley de jubilaciones de amas de casa que había sido modificada en 2006 por Nestor
Kirschner, la cual generó que mi abuela
y miles de mujeres, sean reconocidas como trabajadoras. Esta ley permitía
que las mujeres mayores de 60 años que no contaran con la cantidad de aportes
correspondientes tuvieran la posibilidad de acceder a una jubilación mediante
las moratorias provisionales.
Buscando noticias
relacionadas, me encontré con la explicación de la economista Julia Strada, en
el portal de Feminacida donde lo
expresa con mayor claridad diciendo que, “Durante el gobierno anterior, hubo
dos leyes de moratorias provisionales que son las que hasta el día de hoy
ordenan la cuestión. Una es la ley 24.476, que es la que Néstor Kirchner
modificó para permitir que quienes no tuviesen aportes pudiesen jubilarse igual.
Después está la ley 26.970, que data del 2014. Cambiemos la prorrogó por tres
años en el 2016, y su vencimiento ya estaba pautado para el próximo 23 de
julio”[1].
El problema entonces radica, en que si el gobierno actual no
toma la decisión de prolongar las moratorias las cuales permiten que una
persona pueda comprar los años que le faltan para jubilarse) antes de que se
produzca su vencimiento el 23 de Julio, será nula la posibilidad de acceder a
una jubilación sin tener los aportes
correspondientes. Esto significa que casos como el de mi abuela y de otras
tantas mujeres que trabajaron toda su
vida en condiciones precarias, para un jefes/as que no realizaban los aportes
correspondientes; y en los peores casos para todas aquellas mujeres que se
vieron obligadas durante años a realizar el trabajo doméstico como amas de casa
en sus hogares, en una sociedad
patriarcal donde el mismo no tiene validez y mucho menos reconocimiento, no
puedan jubilarse.
Esto sin duda es un
claro retroceso en los derechos de las mujeres ya que implica no reconocer la
desigualdad salarial de trabajos entre
hombres y mujeres. Donde “además de percibir un 25,2% menos de salario en
promedio, las mujeres tienen un altísimo índice de trabajo precario no registrado, que supera en 5% al de los
hombres. Más del 94% del trabajo en casas particulares es hecho por mujeres, es
uno de los empleos con mayor índice de informalidad”[2].
Asimismo, quitar la jubilación de amas
de casa implica una desvalorización mismo, de modo que no se reconoce el esfuerzo y las horas de dedicación que
conlleva, en muchos casos, limitando la
propia libertad dependiendo económicamente del marido y en muchas otras, implica una doble jornada laboral, en la que
se dedican por lo menos 6 horas al trabajo doméstico. Por lo tanto, se genera el mito de que estamos obligadas a llevarlo a cabo por el solo por el hecho de ser mujer, porque como
menciona Barthes es indispensable para generar un mito su aspecto empírico, es
decir, un ejemplo real que se convierte en modelo y a partir del mismo se expanda y abarque cada
caso similar, convirtiéndose luego en sentido común.

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