El discurso, la construcción del mito y al fin la meritocracia.
Si aceptamos en las prácticas escolares que el discurso
docente no es un acto neutral, que educar es intrínsecamente un acto político,
ello nos ayudará a entender cómo se da forma a través de los vínculos a un
sistema cultural. Al interior de dicho sistema ciertas prácticas se transforman
en hegemónicas, como algunos de los conceptos que mencionamos en publicaciones
anteriores, los cuales exceden lo ideológico, pero para ello necesitan de la
construcción de mitos, así podrán materializarse y naturalizarse.
El mito según Barthes en el texto de José Tamarit no está definido por su sustancia, tampoco lo
hace su propio contenido, sino más bien en qué forma se enuncian. Las tres
formas que define el abordaje del mito, como productores, consumidores o
descubridores, plantea cual debe ser el rol de los intelectuales, al fin y al
cabo escindir el sentido de la forma. Contrario a lo aceptado el mito no es
meramente irracional, Dussell en la introducción de la Filosofía del
pensamiento americano lo esclarece de forma brillante, le atribuye categorías
analíticas propias del racionalismo. Dice que algo que es explicado, una
experiencia visible, “toma forma” y le otorga grados de realización al mito.
Por otra parte, Tamarit
nos hace razonar al respecto, diciendo que la vigencia de un mito no depende de
su estructura sino de la oportunidad de situación, sería dable entender que el
mito debe ser oportuno y el lector madurará para operar contra el mito,
mientras que la nueva estructura despolitizada de este operará con un nuevo
signo mítico.
De igual forma el autor nos hizo reflexionar con la relación del
poder y el mito, en donde todo parece reducirse a una mera cuestión de sentido común,
la expresión no hace más que enunciar la realidad: pueden porque saben. No encontramos
mejor ejemplo para ello la publicidad de Chevrolet, donde plantea imaginarse un
mundo donde prepondera la meritocracia, “donde cada persona tiene lo que merece,
donde el que llegó, llego por su cuenta, sin que nadie le regale nada”, estas y
otras frases se destacan de la misma mostrando como cada protagonista de la
historia supo superarse profesional y económicamente gracias a sus propios méritos.
La meritocracia en sí, se asocia a aquellos
individuos que logran tener acceso a las posiciones sociales por su capacidad y
compromiso, por su propio esfuerzo, sin tener en cuenta por supuesto, la
incidencia que tiene el origen social, étnico, cultural, el sexo, y el aspecto físico.
Y por ende, ignorando de forma consciente las relaciones de poder que existe detrás de
cada una de ellas. De mismo modo que se exalta el individualismo, donde se
promueve una carrera desenfrenada, totalmente deshumanizada que hace todo lo
contrario para lograr una equidad entre las personas.
Para finalizar queremos destacar que el mensaje que transmite
dicha publicidad no escapa del contexto político del gobierno actual. Para esto,
nos gustaría que accedan al link que se encuentra al pie, en donde Alejandro
Dolina en la feria del libro que se esta llevando a cabo en estos días, describe y revela el mito meritocrático en boca del presidente.
https://www.ambito.com/el-analisis-alejandro-dolina-la-meritocracia-macri-la-pobreza-evita-y-el-rol-del-estado-n5030445/amp
Comentarios
Publicar un comentario