Desatando nudos


 – h 24m s.n.m.

"Sean capaces siempre de sentir, en lo más hondo, cualquier injusticia realizada contra cualquiera, en cualquier parte del mundo. Es la cualidad más linda del revolucionario"
                                                                                       Ernesto Che Guevara

Al leer el texto “Comiendo papas fritas baratas” de Michael W. Apple pudimos dar cuenta del entramado de relaciones de explotación que maneja el sistema capitalista blanco y patriarcal. Una relación que conforma una red, donde cada nudo que la sostiene oculta una relación desigual, estas relaciones sociales de producción como bien las define el marxismo no son otra cosa que la dominación y la explotación encubierta en objetos “fetiches”, en todos los aspectos tanto económicos, sociales y culturales.
Esta red en la cual estamos inmersos logra que la sociedad (nos incluimos también porque hace días teníamos una noción somera de ello) no pueda ver el trasfondo de los objetos que se nos presentan día a día, ni de los eventos cotidianos en los que participamos, que naturalizamos y apropiamos, transformándolo muchas veces como aquello que denominamos sentido común.
Dicho sistema capitalista, funciona como la mano invisible que ajusta el primer nudo que sostendrá a los siguientes, esto quiere decir que el sistema se perpetuara en el ejercicio de diversos poderes (muchas veces ocultos y otras tantas veces tan visibles que laceran cualquier sensibilidad) que se hayan presentes por todo el cuerpo social, desde el Estado por ejemplo en la escuela, en la familia, en el trabajo y los medios de comunicación.
A modo de ejemplo, pensamos en nuestros consumos más habituales, uno de ellos es la ropa. Constantemente vemos a través de las publicidades, nuestras redes sociales y en las vidrieras de los shoppings más cercanos, la ultimas prendas de las temporadas, aquellas que son imprescindibles para estar a la moda, teniendo en cuenta sus elevados precios y sus talles únicos que apenas caben en sus extremadamente delgados maniquíes. No obstante ello, la desigualdad que se genera a través de esta práctica no solo se encuentra en sus prendas, sino también y aún más grave,  en sus procesos de producción.
En Argentina las grandes marcas de producción de indumentaria como Cheeky, Awada, 47 Street, Mimo y Puma, entre otras fueron denunciadas por sus talleres clandestinos, en los cuales una gran cantidad de personas provenientes mayoritariamente de Bolivia, trabajan en condiciones de esclavitud, vendiendo su fuerza de trabajo a cambio de un sueldo que apenas les alcanza para cubrir las necesidades básicas. El funcionamiento de estos talleres consista en reclutar personas de bajos recursos (en mayor parte mujeres de entre 15 y 25 años) prometiéndoles vivienda, comida y un buen salario a cambio de irse a trabajar a la Argentina. Sin embargo cuando llegan, se encuentran con que la realidad es otra, el sueldo es mínimo, la casa y el taller son la misma cosa y las jornadas laborales exceden las catorce horas.
En definitiva, aunque se han puesto en descubierto numeroso de estos talleres y rescatado a las mujeres y niños/as que se encontraban allí, estas grandes marcas de ropa nunca han tenido que dar cuentas en la justicia, ni mucho menos pagar las consecuencias de su sanguinaria explotación.
Este ejemplo, tan cercano, es de suma importancia para que tengamos presente la red de relaciones que establece el sistema capitalista detrás de cada objeto o producto utilizado y sobre todo para que no naturalicemos aquello que nos rodea, de lo contrario, los nudos  serán cada vez más fuertes y difíciles de desenredar.



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